Revista de Psiquiatría del Uruguay
Vol. 62. No.2.
Octubre 1998
      Indice Revista Octubre 1998

 

Primer Ateneo Clínico de la Revista de
Psiquiatría del Uruguay

27 de Julio de 1998

1- HISTORIA CLINICA

FICHA PATRONIMICA

L.M. sexo femenino, 49 años, casada, tres hijos (casados, no viven con ella) procedente de Montevideo, no trabaja.

M.I. y E.A.

Consulta por aumento en el consumo de alcohol, angustia, llanto, tristeza, ideas de muerte y autoeliminación con plan específico (tirarse de un 5º piso del apartamento donde vive). Refiere sentirse sola y haber tenido "enfrentamientos con toda su familia". Insomnio de mantenimiento y anorexia. Pesadillas en las que sueña "con muertos y cajones de muertos". Niega ideas de culpa, ruina y minusvalía. Desánimo vinculado a que "no la acompañan", aburrimiento, temor a estar sola.

Reivindicativa con la actitud de su esposo e hija que no le prestan atención.

Trastornos conductuales secundarios a su consumo: pide dinero a sus vecinos para el ómnibus y lo utiliza para comprarse alcohol.

Ideación celosa referida a empleada del esposo (¿sobrevaloradas?). Lo ha seguido pidiéndole al hijo que la llevara a ver dónde estaba. Refiere haber recibido llamadas telefónicas de otras mujeres.

En las últimas semanas llama en varias oportunidades al SEMM porque se "sentía mal, me inventaba enfermedades a pesar de que me dicen que no tengo nada".

Ingresa a emergencia el 6/7/98 con diagnóstico de SD depresivo, de ansiedad-angustia y alcoholismo crónico. Se indica Floxetina 20 mg., Clonacepam 6 mg., Flunitracepam 2 mg., Complejo B6 comp.

Al ingreso 1 amp IM Flunitracepam.

A.E.A., A.P. y datos biográficos significativos.

Mayor de tres hermanos, procedente de Montevideo, sin alteraciones en embarazo, parto ni puerperio.

Desarrollo normal hasta los 9 años cuando presencia discusiones entre sus padres, la madre empieza a "salir con otro hombre", la paciente ve a la madre" en la cama y besándose con otro muchacho". Nunca se lo contó a su padre y "él se murió sin saber". A esa edad comienza a consumir alcohol (cerveza).

Cursó hasta 5º año de primaria, entonces tenía 15 años. Refiere que iba nerviosa a la escuela por las discusiones entre sus padres y la maestra la llevaba nuevamente a su hogar.

A esa edad conoce a su esposo con quien se casa luego de cinco años de noviazgo.

AP de una internación a los 29 años recibiendo ECT. Presentaba ideas de muerte y estaba consumiendo alcohol rectificado con agua. Refiere que siempre bebió sola y a escondidas. Luego de dicha internación estuvo dos años en abstinencia y abandona la medicación. En esos momentos tenía problemas económicos y estaba en Solymar viviendo con la suegra.

Trabajó como empleada en varios lugares. Niega problemas por el alcohol en sus empleos. Múltiples intoxicaciones con pérdida de conocimiento, los familiares la encontraban con hematomas en cara y miembros. Desarrollo de tolerancia y elementos básicos de abstinencia. Frecuentes crisis de excitación psicomotriz en contexto de intoxicación alcohólica.

De su personalidad dice que siempre fue una persona alegre, refiere que se hacía cargo de sus hijos. No tiene amigos porque "como siempre me estoy quejando se van y me dejan sola".

AF: Ambos padres alcoholistas.

2- ENTREVISTA CON EL ESPOSO

Relata que la paciente hace dos años empeora de sus celos habituales, aumentando el consumo de alcohol. La familia tuvo que dejarla sin dinero, pero igual la paciente lo conseguía pidiendo a los vecinos. Hace un año y medio realiza IAE con psicofármacos, cursando al parecer sd depresivo.

Inestabilidad en los afectos, busca personas que la acompañen y luego las expulsa (suegra, hija, etc.), "les busca defectos para echarlas".

Según refiere el esposo el problema que tuvo en su último empleo (el esposo trabaja como chofer y la paciente como doméstica) fue que mantuvo relaciones sexuales con el patrón y cuando éste viajó al exterior la paciente se lo confesó a su patrona. 48 hs. después se enteran de que esta última comete suicidio con arma de fuego.

EVOLUCION EN SALA Y TRATAMIENTO INSTITUIDO

En puerta, duerante su primer noche de internación, presenta ansiedad importante e insomnio por lo que debe ser medicada en reiteradas ocasiones recibiendo Clorportixeno 2 amp, Midazolam 2 amp y Flunitracepam 1 amp IM para control de dicha sintomatología.

Ingresa a sala el 8/7. El 9/7 persiste insomnio y mala calidad de sueño con despertares frecuentes. Refiere temor a que su familia no la quiera y persiste actitud reivindicativa hacia su entorno familiar. Importante ideación celotípica. A los diagnósticos efectuados en puerta se agrega el de celotipia alcohólica. Se aumenta Clonacepam a 12 mag, se agrega Haloperidol 5 mg y Glunitracepam 1 amp + Clorprotixeno 1 amp h 20 IM. Se solicitan rutinas, funcional y enzimograma hepático y evaluación de nivel de personalidad.

El 10/7 se suspende Haloperidol y se inicia Risperidona llegando el 13/7 a 2mg h 20. Del punto de vista clínico cede el insomnio persistiendo sintomatología de pensamiento y actitud reivindicativa hacia su familia. "Mi esposo me engaña con una telefonista de la parada de taxi donde trabaja". Dice tener mala relación con su esposo "porque no hay diálogo entre nosotros" y también con su hija porque "la rezonga todo el día por el tema del alcohol".

Concurre a Alcohólicos Anónimos aunque refiere que todo es un "disco rayado". Se siente más tranquila en el hospital ya que tiene con quien conversar, "en mi casa paso todo el día sola".

Del punto de vista médico general presenta epigastralgias con pirosis y sensación nauseosa por lo que se indica Famotidina 1

comp c/12 hs.

COORDINADOR: Dr. Eduardo Curbelo



3- ENTREVISTA CON LA PACIENTE

Prof. Murguía- Adelante señora. Buen día. ¿Cómo se llama?

Paciente- L. M. de S.

Prof. Murguía- ¿Bueno, qué le pasó?

Paciente- Bueno lo que me pasó es muy simple, doctor. Dicen que soy alcohólica.

Prof. Murguía- ¿Y porqué toma?

Paciente- ¿Porqué tomo? Me levanto de mañana y tomo, sí, lo que pasa es que tomo, me levanto de mañana, tomo porque me siento sola, me siento angustiada, bajoneada, me paso llorando de tristeza, tengo problemas en mi casa, y no sé salir de los problemas yo sola.

Prof. Murguía- ¿Desde cuándo le pasa eso?

Paciente- Bueno esto me pasa desde que mis hijos se casaron. Desde que mis hijos dejaron de ser chiquitos. Porque tengo tres hijos y ya los tres son casados. Yo me siento sola. El viene de trabajar en el taxi, los otros no están.

Prof. Murguía- Y cuando sus hijos eran chiquitos y usted los

atendía (interrumpe paciente).

Paciente- También tomaba.

Prof. Murguía- ¿Y porqué tomaba allí?

Paciente- Por la misma razón.

Prof. Murguía- Pero ellos le llenaban la vida en ese momento.

Paciente- Si, me llenaban la vida, pero yo no sé, siempre estaba pendiente de mi marido, o sea, en vez de estar pendiente de mis hijos no, estaba pendiente de él. Una obsesión tengo con mi marido, no sé porqué.

Prof. Murguía- Porque lo ama.

Paciente- Debe ser porque lo amo.

Prof. Murguía- Cómo, ¿no sabe?

Paciente- Digo yo, porque es una obsesión. Dónde está, qué va a hacer, qué no va a hacer, que porqué te vas, que porqué esto, porqué lo otro. Es una obsesión que tengo.

Prof. Murguía- ¿Usted desconfía de su marido?

Paciente- En estos momentos sí.

Prof. Murguía- ¿Porqué?

Paciente- Bueno, porque él compró una parada de taxi y puso a trabajar a una señora. Y ahí me mintió, me dijo que eran todos hombres los que trabajaban ahí. En ese momento yo no estaba tomando, había dejado ya dos años de tomar -porque yo dejé dos años de tomar- entonces él me mintió y yo hablé con una amiga mía y me dijo que sí, que él la tenía trabajando ahí. Le pregunté a él porqué, y no me contestó nada, se calló la boca.

Prof. Murguía- ¿No piensa que él le mintió porque sabía que usted era desconfiada y que si sabía que había una mujer trabajando se iba a poner celosa?

Paciente- Sí, doctor, puede ser. Pero aparte hay otro problema también: mi hermano me llamó a las doce de la noche para decirme que yo me levantara de la cama y fuera a vigilar a mi marido, que lo siguiera en otro taxi, porque dice que estaba tomando mate con otra persona en 8 de Octubre. Y yo dije que no podía ser. Lo llamé a mi marido por teléfono -porque en ese entonces tenía teléfono en casa-, lo llamé y vino y dijo ¿quién te dijo eso? Ah, se dice el pecado pero no el pecador le dije, porque yo no quería mandar para adentro a mi hermano pero al final tuve que mandar para adentro a mi hermano porque tanto me preguntó quién me había dicho eso, quién me había dicho eso, le dije: mi hermano, me llamó y me dijo que vos estás tomando mate con una persona adentro del auto. Con una mujer. Y él me dijo que no, que era mentira, que había sido un compañero de pelo largo que estaba tomando mate adentro en el auto con él.

Prof. Murguía- Eso no es ninguna ciencia.

Paciente- Pero como yo desconfío.

Prof. Murguía- No era ninguna fiesta estar tomando mate adentro del auto.

Paciente- No, yo sé que no, pero como soy desconfiada. Soy

yo.

Prof. Murguía- ¿Siempre fue desconfiada?

Paciente- No, siempre no doctor. Nunca fui desconfiada. Lo único fue un día que él vino y me dijo que había tenido un romance con una ex-novia -porque él siempre manejó ómnibus y taxi- y entonces estaba trabajando, en ese entonces yo vivía con mi suegra porque nos habíamos ido a Bs. As. y nos fue muy mal en Bs. As., pasamos las mil y una, con los chiquilines chiquitos, y volvimos atrás. Cuando volvimos p'atrás se encontró con una ex-novia de él que la había dejado concretamente porque hacía lo mismo, ¿no? Entonces no quería ser engañado él, y al final la engañada fui yo. Porque después se encontró con ella en el ómnibus y me vino a contar a mí, en casa, que yo estaba con los chiquilines cuidándolos -que tampoco en ese momento yo tomaba- que la había encontrado en el ómnibus y que la había llevado a un sitio romántico para hacer el amor. Y vino y me lo contó. Y yo lo perdoné.

Prof. Murguía- No es muy romántico.

Paciente- Bueno, no es muy romántico pero yo lo perdoné porque lo quiero. Lo perdoné porque lo quiero y lo sigo queriendo pero yo ya estoy en un límite que no sé que voy a hacer con mi vida.

Prof. Murguía- Pero usted antes de tener todos esos problemas con su marido ya tomaba.

Paciente- Sí, tomaba de chiquita. Tomé desde que me dio mi tía a tomar desde los nueve años.

Prof. Murguía- ¿Y porqué tomaba?

Paciente- Porque ella me dijo: probá.

Prof. Murguía- Bueno, después que usted probó, cuando tuvo la iniciativa de tomar por sí misma ¿porqué tomaba?

Paciente- Porque tenía problemas con mi padre y mi madre. El mismo problema que me surgió a mí con mi marido, surgía con mi padre y mi madre. Mi madre engañaba a mi padre. Entonces yo como mi padre me preguntaba, me acosaba, que si yo sabía algo que se lo dijera, que la iba a matar, que se lo dijera, que la iba a matar, que esto, que el otro, me ponía miles de cosas en mi cabeza, yo agarré y me puse a tomar por eso, para olvidarme de los problemas.

Prof. Murguía- ¿Y se olvidaba?

Paciente- Olvidarme no me olvidaba, porque iba y me acostaba a dormir, pero después me despertaba y empezaba de nuevo con el mismo problema.

Prof. Murguía- ¿Y cuánto tomaba? ¿Qué cantidad?

Paciente- Bueno, cuando era chica tomaba un vasito, dos vasitos. Pero después la cosa fue aumentando.

Prof. Murguía- ¿De qué, de vino?

Paciente- Sí, en ese entonces tomaba vino blanco, pero ahora yo llegué a tomar cerveza.

Prof. Murguía- ¿Y qué más?

Paciente- Nada más.

Prof. Murguía- ¿Sólo cerveza?

Paciente- Sólo cerveza.

Prof. Murguía- Pero, ¿qué cantidades toma de cerveza? Muchos litros.

Paciente- No, muchos litros no. Tomaba más o menos por día dos cervezas, tres.

Prof. Murguía- ¿Pero tres cervezas grandes, de litro?

Paciente- Sí, porque yo tomaba la botella chiquita, no sé, ¿tiene medio litro la botellita?

Prof. Murguía- Usted alguna vez se ha caído.

Paciente- Sí, me he caído.

Prof. Murguía- Entonces no podía ser con una botellita de cerveza que se caía.

Paciente- No, no, no. Tomaba ahí, tomaba creo que tres o cuatro botellas por día.

Prof. Murguía- ¿Chicas?

Paciente- No, grandes.

Prof. Murguía- Y cuando se caía, ¿usted se daba cuenta?

Paciente- No, perdía la noción. Me encontraba mi hijo. Venía mi hijo, me encontraba y bueno me llevaba para la cama, llamaban a los médicos, venían los médicos, me inyectaban

y me decían que tenía que llamar a un psiquiatra, hablar con un psiquiatra porque a ver qué problema tenía yo ¿no?, porqué tomaba. Ellos ponían ahí que era alcohólica, pero ¿porqué?.

Prof. Murguía- Usted que dice, ¿porqué era alcohólica?

Paciente- Yo pienso que es todo por los problemas que tengo, doctor, porque ellos me meten en la cabeza a mí que yo me voy a quedar sola, que yo esto, que yo lo otro, que yo tengo que hacer lo que ellos dicen. ¿Porqué tengo que hacer lo que ellos dicen?

Prof. Murguía- Bueno, porque ellos lo que dicen es que no tome.

Paciente- Bueno pero hay otras cosas que yo quiero hacer y no me dejan hacerlas tampoco. Si yo quiero salir nunca tienen plata. Yo me quedo adentro de mi casa fregando, haciendo las cosas como antes. Ellos se pusieron modernos, y a mí me quieren dejar allá abajo. Entonces, después claro, cuando yo quiero ser moderna, me dicen: no, si vos no sos moderna, vos sos una vieja antigua.

Prof. Murguía- ¿Y usted nunca trabajó para tener independencia económica?

Paciente- Trabajé sí, cómo no. Siempre trabajé, y me sacaban la plata.

Prof. Murguía- Bueno, pero ahora que usted tiene un poco de rebeldía podría trabajar y no dejarse sacar la plata.

Paciente- Pero ahora qué voy a trabajar. Pero me amenaza con que él se va, dice, que se va de la casa.

Prof. Murguía- ¿Quiénes se van, su marido y hija?

Paciente- Mi marido. No, mi hija está viviendo conmigo y ya mi hija creo que se va, dentro de poco, alquila y se va.

Prof. Murguía- ¿Y los otros hijos?

Paciente- Los otros hijos están casados y tienen casa.

Prof. Murguía- ¿Ya se fueron?

Paciente- Ya se fueron, claro.

Prof. Murguía- ¿Usted, de que tiene miedo, de perder a su esposo?

Paciente- Sí.

Prof. Murguía- Se le va a ir porque usted toma. ¿No le parece que ... (interrumpe la paciente).

Paciente- Y sí, yo sé que se me va a ir porque tomo, yo reconozco eso doctor. Pero también ¿porqué él no reconoce lo mío?

Prof. Murguía- Y usted señora aquí cuando vino, vino muy triste.

Paciente- Vine tristísima. Porque estoy siempre sola en casa, siempre sola estoy. Le pido que me saque a pasear, no me saca a ningún lado. Le pido que me lleve a algún lado, no me lleva a ningún lado. Nunca tiene plata. Nunca tiene nada. ¿Y qué hace con la plata? Entonces quiere decir que él algo tiene por ahí.

Prof. Murguía- La vida está muy cara, señora.

Paciente- Yo sé que la vida está muy cara.

Prof. Murguía- Y con la plata se va haciendo frente a los gastos del hogar.

Paciente- Sí, pero aparte yo voy a hacer los mandados y traigo las cuentas, ¿y sabe lo que me hace? Le digo, tomá, acá tenés la cuenta de lo que gasté. "Ah, a mí no me des nada, a mí no me importa nada."

De repente dice que yo la tiro a la plata, que yo me la tomo.

Prof. Murguía- Y bueno, cada vez que le da plata a Ud., Ud. se la toma.

Paciente- Puede ser (se ríe), yo no lo discuto, no lo pongo en duda. Porque él se sienta a ver televisión y no da bolilla a nadie. No tiene un diálogo conmigo, no quiere dialogar, no quiere hacer nada porque dice que yo no tengo diálogo con él. ¿Y de qué quiere que hable estando adentro de una casa, de las cosas cotidianas de una casa, de una familia. De qué quiere que hable?

El dice que él es un hombre de calle, porque siempre tuvo auto y manejó. Dice que es un hombre de calle, que tiene diálogo con todo el mundo y que él se entiende.

Y yo no lo entiendo a él ahora. Cada vez lo entiendo menos.

Prof. Murguía- ¿Esta situación se está dando desde hace mucho tiempo?

Paciente- No, desde que compró la parada, Dr.

Prof. Murguía- ¿Cuánto tiempo hace que compró la parada?

Paciente- Hace dos años. Y desde que esa mujer¡

Prof. Murguía- Usted está con la mujer.

Paciente- Estoy con la mujer porque cuando yo voy a trabajar todo lo malo lo hago yo. Lo bueno lo hace ella.

Prof. Murguía- ¿Y usted comprobó que hay una mujer realmente ahí?

Paciente- Sí, trabaja conmigo. Yo trabajaba de mañana y ella trabajaba de tarde.

Prof. Murguía- ¿En el teléfono?

Paciente- Sí, atendiendo el teléfono, y todas las mejores horas y las mejores cosas se las da a ella, a mí me pone a hacer lo peor. Qué voy a hacer.

Prof. Murguía- ¿Y usted está convencida de eso?

Paciente- ¿De qué?

Prof. Murguía- ¿De que él tenga algo que ver con ella?

Paciente- Yo no lo vi para nada. No lo pude encontrar, porque hay un dicho que dice: para creer hay que ver, verdad. Pero me la trajo a mi casa, para que yo le pregunte a ella si ella lo quería a él, y para mí eso fue una ofensa muy grande. Cómo yo le voy a preguntar a una persona si yo desconfío de ella si ella lo quiere a él.

La mujer usted se imagina ¡y sí, lo quiero¡. Tendría que ser una persona muy sincera para que lo dijera, y acá sincero yo creo que no hay nadie.

Prof. Murguía- ¿Y usted que hubiera hecho si ella le hubiera dicho que sí?

Paciente- Lo echo.

Prof. Murguía- Se quedaba sola.

Paciente- Me quedo sola. Lloraría, yo que sé lo que haría en ese momento, no sé, me entraría la locura. Pero yo pa' que voy a querer a un tipo que me está engañando y está con otra.

Prof. Murguía- Y usted cuando llora cuando está triste, es por el engaño ese?

Paciente- Lloro por todo. Porque perdí a mi madre, porque perdí a mi padre, porque mis hijos se alejaron de mi casa, por él, por todo. Entrevero todo. Hago una mezcla de todo.

Prof. Murguía- ¿Cuántos años hace que está así, con esas penas?

Paciente- Y con esas penas Dr., hará más o menos dos años.

Prof. Murguía- Cuando compró la parada de taxi.

Paciente- Sí, cuando él compró la parada de taxi, porque yo dejé de tomar dos años, dos años que no tomaba. Estaba medicada, me atendió un médico de acá que yo no me acuerdo que nombre tenía el médico que me atendió la primera vez que yo vine acá. Era uno de bigotito.

Prof. Murguía- ¿Estuvo en una sala?

Paciente- Me hizo la cura del sueño.

Prof. Murguía- ¿En qué sala?

Paciente- Creo que en la parte de allá (señala). En una sala, no me acuerdo el número, pero sé que era una sala que tenía para comer. Tenía comedor.

Prof. Murguía- ¿No se acuerda el número de la sala?

Paciente- No, no sé si la doctora se acordará, no sé.

Prof. Murguía- Y alguna vez usted hizo tentativas para suicidarse, para matarse.

Paciente- Sí, me vienen, pero no me mato. Me vienen cosas a la cabeza como que me quiero matar. Yo me voy a matar porque para andar siempre acá encerrada fregando, lustrando y haciendo las cosas, y ellos vienen, me ensucian todo, se van, y ellos son los que estaban divertidos y yo soy la que estoy llorando acá adentro, me voy a matar, digo. Pero no me mato. Digo que me voy a matar y no me mato.

Prof. Murguía- ¿Señora, y cómo anda la memoria, por ejemplo, usted se acuerda de las cosas, está medio olvidada?

Paciente- Sí, me acuerdo de algo, de todo no me acuerdo. De repente me pongo muy nerviosa, me pongo fastidiosa, conmigo misma. Aparte tengo una cuñada que me dice que porqué no dejo a mi marido, que no sirve para nada, me viene a llenar la cabeza, viene y me dice a mí: tu marido no sirve para nada, que esto, que el otro, que patatín, que yo que sé cuánto. Me hace unos entreveros que en mi cabeza es un vaivén.

Prof. Murguía- ¿Y usted alguna vez pensó en tomar en serio eso y buscarse otro?

Paciente. No, nunca. Porque yo dije el día que me casé, juré, que no me iba a separar.

Prof. Murguía- Bueno, pero a veces los juramentos se rompen.

Paciente- Pero en mi caso no.

Prof. Murguía- Bueno, pero si su esposo la engaña, imagínese que (intrrumpe paciente).

Paciente- Ah, bueno, si lo veo yo sí. Ojo, si yo lo pesco sí, pero por chismes no. Lo tengo que ver yo para creer.

Prof. Murguía- Bueno usted me dice que se olvida de cosa ¿de qué cosas se olvida?

Paciente- Y de cosas cotidianas, por ejemplo voy a hacer los mandados dejo las llaves en algún lado y de repente la voy a buscar y no está y digo ¿dónde dejé las llaves? No sé dónde dejé las llaves. O guardo una prenda y no sé donde la guardé la prenda.

Prof. Murguía- Eso son distracciones, usted está pensando en otra cosa y (interrumpe paciente).

Paciente- Estoy siempre con la parada de la mujer esa.

Prof. Murguía- ¿No será que ella la tiene obsesionada?

Paciente- Obsesionada. Y aparte mi marido me tiene obsesionada también.

Prof. Murguía- ¿Usted, antes de tener esas dudas con su marido, no se ponía triste también?

Paciente- Bueno, sí. Me puse triste porque tuve que cuidar a mi madre hace un año, que murió de asma y la tuve que cuidar en el Hospital de Clínicas. Iba de noche, de día, porque era la única hija mujer.

Tenía dos hermanos. Tengo dos hermanos, pero como trabajan, yo iba todos los días al Clínicas a cuidar a mi madre. Mi madre falleció.

Prof. Murguía- ¿Usted se llevaba bien con su madre? ¿Había tenido problemas?

Paciente- Tuve problemas sí, con mi madre. Fue cuando lo engañó a mi padre que yo no le dije nada a mi padre, me lo callé, me lo guardé.

Prof. Murguía- ¿Qué edad tenía usted cuando descubrió eso?

Paciente- Nueve años.

Prof. Murguía- ¿Y ahí ya nació la desconfianza?

Paciente- Y ahí ya nació la desconfianza y nació todo. Porque yo lo que menos pensé es que mi madre iba a hacer una cosa de esas.

Prof. Murguía- Y después que murió su madre, usted (interrumpe paciente).

Paciente- No, yo la cuidé hasta último momento igual.

Prof. Murguía- ¿Y después que murió tuvo un duelo muy prolongado?

Paciente- ¿Tuve qué?

Prof. Murguía- Un duelo muy prolongado, ¿se quedó muchos días, muchos meses triste?

Paciente- Triste, triste, quedé triste, además sigo triste porque no sé ni dónde está, porque no la fui a ver más. Fui el día del velorio y no fui más. Y hace poco que murieron los tíos por parte de mi padre, que los quería mucho, también estoy triste porque murieron los tíos que eran hermanos de papá.

Prof. Murguía- ¿Siempre que se pone triste es por algún acontecimiento?

Paciente- Sí, siempre. Nunca me estoy riendo, nunca tengo una alegría, nunca tengo nada. Siempre estoy triste.

Prof. Murguía- ¿Y el alcohol le saca esa tristeza?

Paciente- No me saca nada Dr. Que me va a sacar la tristeza el alcohol! El alcohol me hace como si dijera, estoy en las nubes, olvidarme un poco pero sigo pensando igual.

Prof. Murguía- ¿Y porqué toma?

Paciente- Eso es lo que yo no sé, pa'qué tomo

Prof. Murguía- Si igual no le saca la tristeza. Usted quiere ahogar las penas y las penas saben nadar.

Paciente- Por eso. ¿Porqué tomo? No sé ni yo porqué tomo.

Prof. Murguía- Cuando no tenía dinero para comprar vino lo pedía prestado. ¿Y eso no le da verguenza Sra. a Ud. que es una persona bien?

Paciente- No porque yo ya había tomado.

Prof. Murguía- ¿Qué?

Paciente- Yo ya había tomado. Porque yo empezaba a tomar con la plata que mi marido me llevaba para hacer las compras. Entonces como yo empezaba a tomar con la plata que mi marido me llevaba para hacer las compras.

Prof. Murguía- Y no le dejó más plata.

Paciente- El ya no me dejaba más plata. Entonces yo salía a pedir. Yo ya había tomado. No me daba verguenza.

Prof. Murguía- Bueno, pero después que pasaba ese momento, y usted reflexionaba (interrumpe paciente)

Paciente- Ah, si, me daba verguenza y angustia y tristeza y todo eso.

Prof. Murguía- Escucheme, ¿y en ese momento no se podía imponer la conducta de no volverlo a hacer?

Paciente- Sí, todas las noches decía, doctor: mañana no voy a tomar, mañana no tomo, no tomo y no tomo. Llegaba mañana y mi esposo se iba y tomaba. Mi marido se iba a trabajar y yo salía a tomar.

Prof. Murguía- De mañana cuando se despertaba, después de haber tomado, ¿tenía temblor en las manos, tenía (interrumpe la paciente)

Paciente- No.

Prof. Murguía- No tenía a veces como (vuelve a interrumpir paciente).

Paciente- A veces, antes me daba sí, como un reflujo.

Prof. Murguía- ¿Como un reflujo, del estómago?

Paciente- Sí, tuve náuseas, tuve bilis verde.

Prof. Murguía- ¿Y cuando terminaba no tenía esos dolores (interrumpe paciente)

Paciente- En las piernas.

Prof. Murguía- En las piernas, ¿y sensaciones de que caminaba entre algodones?

Paciente- No, eso no. Me daban dolores en las piernas, me bajoneaba, andaba todo el día bajoneada, no tenía ganas de hacer nada. Desconfiaba de todo el mundo, desconfío de todo el mundo.

Prof. Murguía- ¿Siempre desconfió?

Paciente- Ahora estoy desconfiando de todo el mundo. Si hubiera sido en otro momento todo esto que me está pasando.

Se me ponen cosas en la cabeza que no sé si son verdad o son mentira.

Prof. Murguía- ¿Qué cosas por ejemplo?

Paciente- Y esto como lo de mi marido. Si sale o no sale, si tiene o no tiene. Cosas raras, yo que sé. Cosas que me vienen a la mente, pienso, y después se me va. Y ahora de noche no puedo dormir. Llegan las dos de la mañana, me despierto y me quedo desvelada hasta las seis de la mañana. No duermo nada. Estoy medicada, inyectada, y no puedo dormir.

Prof. Murguía- ¿No habrá sido por lo mismo?, cuando vino estuvo muy deprimida.

Paciente- Ah, cuando vine estaba horrible. Cuando vine creí que me iba a morir. Mi hijo me decía: mamá no tomes, no tomes, te vas a agarrar una cirrosis, mirá que vas a estar enferma del hígado, no sé qué. (Interrumpe dirigiéndose a la Dra.): Ah, no sé si salieron en los resultados, me dijo que Ud. después me iba a decir.

Prof. Murguía- Le dieron bien los resultados.

Paciente- ¿Así que no tengo gastritis ni úlcera, eso, no tengo nada?

Prof. Murguía- Parecería que no.

Paciente- Eso me tenía preocupada.

Prof. Murguía- ¿Ha tenido malestares digestivos, ardores?

Paciente- Sí, a veces me sube como una acidez, cuando como, para arriba y me baja.

Prof. Murguía- ¿Ardores, por ejemplo de estómago, dolores?

Paciente- No, dolores no. Lo único que me viene es una acidez y ya le dije al Dr. y me dijo que me iba a dar leche blanca, no sé que me va a dar.

Prof. Ginés- Usted había consultado médicos por otras molestias físicas. Al SEMM llamaba.

Paciente- Ah, sí. Llamaba sí.

Prof. Ginés - Cuentenos un poquito.

Paciente- Sí, llamaba al SEMM porque claro, tomaba y me sentía mal.

Prof. Murguía- ¿Qué sentía?

Paciente- Como que me iba a caer, que estaba sola, que no tenía quien me cuidara, que me iba a caer, que me iba a desmayar, y llamaba al SEMM. El SEMM venía y, claro, me hacían de todo y un hombre vino y me dijo: Sra., usted no tiene nada.

Y digo: ¿cómo no tengo nada Dr.?, tengo que tener, porque a mi me duele acá, el estómago, me duele la vesícula, me duele todo, y dice: puede ser que sea, pero tiene que ir a sacarse placas al hospital o a la sociedad, si tiene sociedad.

Prof. Murguía- ¿Y usted iba a la sociedad ese día, o al hospital?

Paciente- No, no tenía sociedad ni tenía hospital. Recién ahora estoy sacando el carné de salud, el carné de...

Prof. Murguía- De asistencia.

(Dirigiéndose al Prof. Ginés) ¿Querés preguntarle algo?

Prof. Ginés- Señora, dígame una cosa, usted trabajó, ¿qué trabajos hizo?

Paciente- Yo trabajé en fábrica de bolsas plásticas cuando joven, después trabajé en fábrica de pastas, y después trabajé como sirvienta en la casa de Carrasco.

Prof. Ginés- ¿El último trabajo?

Paciente- El último trabajo fue cuando trabajé con este Señor.



Prof.Ginés- Dígame una cosa, usted, este tema de que él la saque a pasear, que esté con usted, que charle, ¿es un problema de siempre con él?

Paciente- Siempre.

Prof.Ginés- Y dígame una cosa, Sra., ¿desde cuándo usted sabe que su marido la engaña, eso desde siempre también?

Paciente- No, no, no. Yo sé que mi marido me engaña desde el momento que él vino y me contó que se encontró con su ex-novia.

Prof.Ginés- Desde hace dos años.

Paciente- No, eso hace más Dr., desde cuando vivíamos afuera.

Prof. Ginés- Cuánto hará? Cuánto tiempo?

Paciente- Fue en el año, ya le digo, espere, en el año ochenta, por ahí.

Prof. Ginés- O sea que desde esa época para usted esta situación de pensar que su marido la engaña está presente, desde el 80 más o menos.

Paciente- Y más o menos.

Prof. Ginés- Pero previamente no era así, eso apareció en ese momento, previamente usted no era celosa.

Paciente- Yo no, para nada.

Prof. Murguía- Antes de tener esa parada de taxímetro, ¿su esposo dónde trabajaba?

Paciente- En el puerto.

Prof. Murguía- ¿En el puerto?

Paciente- Trabajó en el puerto, sí, se volvió a emplear en el puerto. Pero después como le dieron una plata para que se fuera porque iban a privatizar el puerto y todo eso, él agarró esa plata, la puso en el banco, yo le dije que no comprara esa parada de taxi, pero el fue y la compró.

Prof. Murguía- ¿Ustedes habían trabajado los dos en esa casa, el como chofer y usted como empleada?

Paciente- Sí, es lo que yo le dije ahora al señor.

Prof. Murguía- Bueno, pero eso fue antes de que comprara la parada de taxímetro.

Paciente- Mucho antes fue, eso fue como en el año 80 por ahí.

Prof. Murguía- ¿Y ahí qué pasó?

Paciente- Y nada, ahí que va a pasar, el trabajaba en el puerto venía, trabajaba un poco en esa casa, de mantenimiento, digamos. Uo trabajaba como limpiadora de la Sra., y parece que entre la pareja tenían problemas y un día la Sra. se mató. Y yo dejé de ir.

Dr. Murguía- ¿Usted dejó de ir porqué?

Paciente- Porque tenía miedo después del hombre, del marido de ella, porque el marido de ella era viajante, viajaba a otro país.

Prof. Murguía- ¿Y porqué tenía miedo?

Paciente- Y porque tenía miedo de que pasara algo, yo que sé, que me hiciera algo él a mí, yo que sé.

Prof. Murguía- ¿El le hizo alguna cosa sexual?

Paciente- No, no, no. Eso nada Dr. No porque el Sr. era muy respetuoso. Pero la mujer muy desequilibrada.

Prof. Murguía- ¿Y eso la afectó mucho, que la mujer se suicidase?

Paciente- Me afectó porque él era un hombre, para mí él era un hombre bueno, no era un hombre malo con ella, no era un marido malo, él le daba todo lo que quería ella y ella lo engañaba.

Prof. Murguía- ¿Con quién lo engañaba?

Paciente- Ah, con el primero que se presentaba. Con los taximetristas, con los de los ómnibus, con cualquiera. Me dejaba a mí limpiando y me decía adónde iba.

Prof. Puppo- ¿Usted nunca le dijo eso a su esposo?

Paciente- Sí, le dije.

Prof. Puppo- ¿Al esposo de ella?

Paciente- Ah, no, nunca se lo dije. Ella me quiso hacer una jugarreta a mí un día. Y al final se lo tuve que decir, si.

Prof. Puppo- Ah, se lo dijo?

Paciente- Se lo dije.

Prof. Puppo- ¿Al esposo?

Paciente- ¿Pero sabe porqué se lo dije?

Prof. Puppo- A ver.

Paciente- Porque pasó esto: ella quería separse del marido, pero como el marido no le daba el divorcio, yo le dije: no te lo va a dar el divorcio tu marido, pero ella era terca. Dijo no, vamos a inventar una cosa, vamos a decir de que mi marido se mete contigo, así yo le hago una escena y él me va a dar el divorcio. Digo, no digas eso porque son mentiras tu marido jamás me faltó el respeto a mí. Entonces cuando el marido volvió al país, ahí me llamó presente y ella se lo llevó a él a comprar no sé que cosa, porque le contó al marido. El marido vino furioso conmigo porque le dijo que yo había dicho

que él se había sobrepasado conmigo, y yo no dije eso. Yo lo único que le dije a él fue que ella quiso hacer un simulacro porque ella se quería separar de él, y él entendió todo al revés. Y fue cuando ella se mató al otro día.

Prof. Puppo- ¿Pero en realidad entonces usted no le dijo al esposo?

Paciente- Ah, no. Que ella tenía otros amantes no. Eso no. Le dije que ella quiso hacer un simulacro para separse de él. Ella se quería separar de él.

Prof. Puppo- ¿El se mató?

Paciente- No, ella se mató. Bueno ella tomaba drogas también. Tomaba Lexotan 2, estaba tomando. Pero tomaba bebida también Dr.

Porf. Rey- ¿Tomaba bebida?

Paciente- Tomaba, venía gente a la casa de visita y ella tomaba.

Prof. Rey- Eso es común.

Paciente- Pero con pastillas.

Porf. Rey- ¿Usted sabe porqué ella tomó esa determinación?

Paciente- No sé, no sé porque él vino y me dijo que se mató mi mujer, pero no me acuerdo en este momento si con un revólver o con qué. Sí tiene que ser un revólver. No sé, porqué lo hizo ella no sé. Sé que ella tenía miedo después, porque ella me decía: mañana vení a trabajar, mañana vení a trabajar, y yo dije no, yo así en estas condiciones no vengo a trabajar mañana. No porque me va a pasar algo a mí y por culpa tuya, porque vos te querés separar de tu marido.

Andá y decile la verdad, que te querés separar y chau, punto, pero no mezcles a mí por medio, ¿no?. Me parece que es una lógica. Si uno, yo, me quiero separar de mi marido no voy a meter a un cualquiera de ustedes,la verdad.

Prof. Gaspar- ¿Cómo era la relación entre sus padres?

Paciente- Bueno, mis padres se llevaban más o menos, por ese problema que hubo. Primero se llevaron bien, después como

apareció el hijo que mi padre recogió, se hizo grande, fue hombre -recogió un chico de la calle que no tenía qué comer-

y cuando tuvo 24 años mi madre se enamoró de él, de este muchacho. Y ahí fue cuando empezó todo, que es lo que yo vi. Que yo vi, los vi besándose, porque justo ese día mi padre me mandó en penitencia y era un postigo como éste, yo abrí un postigo, mi madre estaba en cama enferma cuando ellos dos se estaban besando, y ahí yo saqué la conclusión que algo tenía que haber.

Prof. Gaspar- ¿Tomaba alcohol su madre?

Paciente- No, mamá nunca tomó porque era problema de asma.

Prof. Gaspar- ¿Y su padre?

Paciente- Mi padre sí. Yo ví a mi padre tomar pero nunca llegué a pensar porqué tomaba.

Prof. Gaspar- ¿El tomaba?

Paciente- El tomaba, sí, pero nunca llegué a pensar porqué. Si era por los problemas que tenía él, o porqué motivo era. Nunca le pregunté porqué tomaba. Pero él tomaba, sí.

Prof. Gaspar- ¿Cuándo falleció su papá?

Paciente- Y falleció en el año setenta y nueve.

Prof. Gaspar- ¿Usted pudo superar la muerte de él?

Paciente- Ah, horrible. Otro ataque de locura me entró.

Prof. Gaspar- ¿Y la de su mamá?

Paciente- Las dos para mí fueron horribles. Porque mi madre después de todo lo que yo viví, porque yo la cuidé hasta el

último día, porque murió en mi casa.

Prof. Gaspar- ¿Sus abuelos tomaban?

Paciente- Ah, sí, mi abuelo sí, según tengo entendido porque yo no conocí a mis abuelos. Tenía una tía que me contaba que a mi abuelo le gustaba tomarse un vasito de vino en la comida, pero nada más, sin llegar a emborracharse. Un vasito de vino en la comida y nada más.

Prof. Orrego- ¿Usted se acuerda que la entrevistamos el otro día?

Paciente- Sí.

Prof. Orrego- ¿De qué se acuerda? ¿Se acuerda cómo se llama la Dra.?

Paciente- Sí, Lucero.

Prof. Orrego- Ah, bien.

Paciente- Rosana Lucero.

Prof. Orrego- No, porque a veces pasa que usted se olvida.

Paciente- Sí, de repente como que me voy, de repente como que vengo. Pero yo no sé si son por las medicaciones que me están dando ahora, acá. No sé porque es. Pero no me acordaba bien el apellido de ella (interrumpe Prof. Orrego).

Prof. Orrego- En su casa también usted se olvidaba (interrumpe paciente).

Paciente- Porque hay otra Doctora en la Sala, perdón Dr., hay otra Dra. en la Sala que tiene otro apellido parecido al de ella y yo me confundía los dos apellidos.

Prof. Orrego- Ahora, en su casa a veces le pasa que usted nos dice que en la vida cotidiana se le generan situaciones en que usted no sabe dónde dejó esto, dónde dejó lo otro.

Paciente- Sí.

Prof. Orrego- Ahora la pregunta que tengo para hacerle es: hay versiones que nos da su esposo respecto con respecto de hechos que dice que usted le dijo, que usted les refirió, que son distintas a las que usted da.

Paciente- No sé.

Prof. Orrego- ¿No sabe? Con respecto a lo que pasó en Carrasco, cuando estaban los dos en esa casa, ahí hay una importante diferencia en la versión de él de los hechos y la versión suya. Usted nos dice que estaba como involucrada (interrumpe paciente)

Paciente- No, ella me quería involucrar, yo no me involucré nada, Dr.

Prof. Orrego- Bueno pero de algún modo hablaba con ella acerca... involucrada afectivamente.

Paciente- Ella hablaba conmigo para que yo hiciera lo que ella quería para separarse del marido.

Prof. Orrego- Usted nos da una versión diferente.

Paciente- Ah, no sé Dr.

Prof. Orrego- ¿El suicidio fue real, existió?

Paciente- Sí, existió.

Prof. Orrego- ¿Usted estaba en la casa cuando eso pasó?

Paciente- No, no porque ese día yo no fui a trabajar. Ella quería que yo fuera a trabajar porque claro, como ellos salieron juntos yo no sé lo que hablaron ellos. Yo sé que él tipo vino medio loco después que salieron juntos ellos dos. Y me atacó a mí, y entonces yo (interrumpe Dr.Orrego)

Prof. Orrego- ¿La atacó en qué sentido?

Paciente- Me atacó no, me empezó a gritar que porqué yo le había dicho a la mujer que él se había metido conmigo que esto, lo otro. Si yo no dije nada que se metió conmigo, usted. Esas son cosas de su mujer porque su mujer se quiere separar de usted. Y que él se iba a matar, y que me iba a matar a mí, y que iba a matar a la mujer, y que iba a matar a medio pueblo.

Prof. Orrego- ¿Quién decía eso?

Paciente- El.

Prof. Orrego- ¿El esposo?

Paciente- No, el esposo no, mi patrón.

Prof. Orrego- ¿No era el esposo?

Paciente- Ah, claro, no, está bien.

Prof. Murguía- ¿No habrá sido él que la mató?

Paciente- Puede ser, porqué no. Yo no pongo las manos en el fuego, por nadie.

Prof. Murguía- Bueno.

Prof. Rey- ¿Cómo ha sido su juventud, usted dice que estuvo con su esposo...?

Paciente- Cinco años de novios.

Prof. Rey- ¿Cómo fueron?

Paciente- Y fueron bien, Dr. Para mí fueron los mejores.

Prof. Rey- ¿Tuvieron relaciones ustedes?

Paciente- No. ¿Con mi marido? No, porque nos ponían hora para vernos, hora para que se fuera. Salíamos acompañados, solos no podíamos salir, bien tiempos de antes. Tenía 15 años en ese momento, yo.

Prof. Rey- ¿Tenía amistades, amigas?

Paciente- No, no me dejaban tener amigas. Tenía una sola amiga pero mi padre no le gustaba porque decía que era media sueltita.

Prof. Rey- ¿Cómo ordenaba su día?

Paciente- Siempre fue estar adentro fregando, lavando los pisos. Siempre me ponían a lavar los pisos, lavar la ropa, lavar el patio. Me querían hacer una mujer de la casa, nada más.

Prof. Rey- ¿Y a usted la hacía sentirse disminuida eso?

Paciente- No doctor, yo lo hacía muy feliz, eso me gustaba. En ese entonces me gustaba.

Prof. Rey- ¿Cuál fue la época más feliz suya?

Paciente- ¿La época más feliz mía? ¿Y de niña dice usted?

Prof. Rey- No, en toda su vida.

Paciente- Y bueno, la niñez.

Prof. Rey- Y después, ¿la juventud?

Paciente- También fui feliz pero, no sé, después ya vinieron los problemas de tomar y todo lo demás.

Prof. Rey- A usted le parece que el problema ese de su madre la llevó a usted a tomar?

Paciente- No, para nada.

Prof. Rey- ¿Se lo contó a alguien?

Paciente- A nadie. Solamente yo me lo guardé adentro.

Prof. Rey- ¿Y a su esposo?

Paciente- A mi marido sí se lo conté. Una vez le dije.

Prof. Murguía- ¿Sabe ir a la sala?

Paciente- Sí, como no.

Prof. Murguía- Bueno entonces vaya, otro día vamos a seguir hablando.

Paciente- Bueno, como no. Muchas gracias, encantada.

Prof. Murguía- Encantado.



4- DISCUSION

Dra. Labarthe- Cada vez que la escuchamos son datos nuevos, y cambian.

Prof. Martínez Pesquera- ¡Y miente cómo¡

Prof. Ginés- También.

Prof. Murguía- No sé, no sé si miente tanto.

Dra.Labarthe- Yo pensé a veces si no estaría fabulando.

Aparecen datos nuevos. Hoy contó mucho más acerca del episodio del suicidio de esta señora y de su vinculación con ella.

También el dato de que la infidelidad de su madre había sido con una persona de la propia casa.

Pero como que el síntoma de abstinencia matinal que hoy practicamente lo negó, el otro día fue florido, tenía de todo y admitió que tomaba alcohol para calmar el temblor y la irritabilidad que tenía en la mañana.

Prof. Murguía- ¿Tomaba alcohol azul?

Dra. Labarthe- Rectificado. Bueno el otro día le faltaba la memoria y aparecía más flagrantemente sobre todo de la memoria anterógrada.

Preguntándole cosas de la propia entrevista, realmente no pudo en ningún momento darnos respuesta adecuada.

Prof. Puppo- ¿Está con Tiamina, no?

Dra. Labarthe- Sí, esta sí.

Prof. Murguía- Perdón, ¿cuando vino estaba un poco confusa?

Dra. Labarthe- Sí, cuando vino estaba un poco confusa.

Prof. Murguía- ¿Y ahora no está?

Prof. Ginés- Yo voy a decir que cuando leí la historia no me pude hacer idea cabal de esta persona, porque aparecen anécdotas contundentes pero es difícil imaginar la historia de esta mujer.

Ahora con las cosas que ustedes agregaron antes, uno va como

obteniendo una cantidad de elementos como para por lo menos entender a la persona.

Por un lado venía esta historia curiosa, por lo menos curiosa, del alcoholismo, y por otro, venía todo un tema que apuntaba a un modo de existir en la relación con los demás bastante especial.

Entonces, claro, frente a esta situación, era necesario poder entrevistarla y obtener muchos más datos, quizás un poco más precisos en la medida que se puede.

Yo diría que por un lado hay un alcoholismo intenso, solitario, con dosis bastante importantes, con embriagueces, que se interrumpe por momentos, no produce trastornos importantes ni repercusión, lo que me llama la atención - si es así tan desordenado y a tales dosis- que no aparezcan afectaciones biológicas más notorias.

Ese es un lado. Lo segundo, el otro lado, es la historia que desarrolla esta mujer, de sus relaciones, de sus vínculos. Es una mezcla de lo que recuerda, de episodios, del mito, de cosas que escuchó, y da la impresión de que ella entra en ese lugar produciéndola. Me cuesta ubicarme en esa historia.

Por ejemplo parecería que crió a sus hijos, o no, porque ella dice que el marido la denunció en un momento.

Da la impresión que la soledad la abrumara y también da la impresión dentro de otro rasgo que había allí, que está permanentemente pendiente, muy involucrada en relaciones muy enredadas. En un momento ella transforma su relación de pareja en una relación triangular. Su estar amoroso es triángulo y no sale de ahí.

Permanentemente todas las historias que cuenta son triangulares en las cuales convincentemente y sin ninguna posibilidad de retorno ella insiste.

Su personalidad se le agrega fuertemente en los últimos quince años a una real o supuesta situación de triángulo.

Entonces yo más de aquí no podría seguir, me da la impresión de que hay un fuerte desorden que tiene que ver con sus relaciones íntimas con este componente de triangulación convincente, fuerte, que remonta a aquella situación infantil.

Además, el alcoholismo, pienso que también entra a entreverar.

Uno acá podría pensar muchas cosas en relación con esta situación de angulación que generó cuanto tiene que ver con su historia, cuánto pesó el alcohol.

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Prof. Puppo- Al leer la historia fue la misma impresión diagnóstica: que era una alcohólica, que había tomado alcohol desde los nueve años, que su alcoholismo tuvo una complicación, que vino por un estado de obnubilación de la conciencia y que también debido a su alcoholismo había hecho una celotipia, en una personalidad que tiene rasgos paranoicos.

Par mí también tiene problemas caracteriales de toda la vida, que es justamente lo que está adornando este cuadro que para mí era fácil: un alcoholismo desde determinada edad, hace una celotipia, evidentemente se veía, pero que al verla acá muestra toda una serie de trastornos caracteriales que están adornando o confundiendo.

Ahora, después, cuando ella muestra dos o tres aspectos en el relato de algunas cosas, esta persona, a parte de todo esto que yo dije, en algunas cosas miente o inventa.

Está imaginando, está mintiendo, porque los relatos son

distintos, son cuatro o cinco. ¿Cuál de estos relatos es el verdadero? Se necesitan más entrevistas para conocer a esta enferma; y por otra parte lo que decía el Prof. Ginés tenía razón. Desde los nueve años. ¿Qué edad tiene ahora?

Prof.Ginés- Cuarenta y nueve.

Prof. Puppo- Cuarenta años de alcoholismo y no tiene elementos de repercusión somática. Debía tener repercusión somática que ella acá lo niega. Algo en el estómago, pero muy poco. Porque podría tener muy bien y se lo ha ganado con todos sus años de alcoholismo, una encefalopatía y no sabemos si tiene, sobre todo porque trastornos de memoria no tiene. En este momento

no parecería una cosa importante. Ella dijo que tenía algún trastorno de memoria pero conoció a la Dra. Lucero. Yo no diría que tiene una encefalopatía sino que tiene un alcoholismo crónico, que tiene una celotipia, que tiene trastornos de carácter de toda la vida y que me faltan datos.

Prof. Murguía- Yo pienso que hay tres cosas claras: tiene una personalidad defectuosa que no sabemos si está muy vinculada a experiencias reales que ella cuenta o solo fantasías. Pero lo cierto es que la personalidad ha sido defectuosa. Ella cuenta que ha sido sometida desde niña, que le han privado de tener encuentros sociales, de tener amigas, que la ponían a trabajar de acuerdo con patrones antiguos de conducta, que era feliz, que fue feliz durante su noviazgo de cinco años y que cuenta esta situación de la madre, no sabemos si existió o no existió, como quiera que sea la personalidad de ella ha sido una personalidad defectuosa de más. El defecto más grande aparece por la ingesta de alcohol en dosis completamente desporporcionadas.

Prof. Martínez Pesquera- Pero desde los nueve años.

Prof. Murguía- Desde los nueve años, es verdad, empezó a probar el alcohol pero después ella lo siguió consumiendo a través de toda su vida en ingestas muy importantes. Eso es una cosa evidente.

Hay otra cosa evidente: que ella tiene estados depresivos, ella los relata y han sido confirmados en diversas situaciones. Eso nos plantea un problema: ¿que relación tiene el alcoholismo con su depresión? Y después hay una tercera cosa: la idea celotípica que tiene respecto al esposo, que aparece, según ella, hace dos años, pero anteriormente ya empezó a desconfiar de él cuando él le dijo que había encontrado a una ex-novia y ahí empezó a desconfiar. Esta idea celotípica no es una idea delirante porque en un delirio alcohólico es una convicción firme y además buscando pruebas, evidencias y todo. En ella es simplemente un estado de duda, de idea sobrevalorada de que puede ser engañada y no tiene esperanza de encontrar una prueba. Si ella no encuentra una prueba no admite la convicción del delirio.

Es una idea que en parte también ha sido elaborada con la base de actitudes ambiguas que tuvo el esposo. Porque el esposo le dijo que tenía en el teléfono a un hombre. Y ella después se encuentra a una mujer. El hombre seguramente le dijo que era un hombre porque sabía que si le decía que era una mujer iba

a surgir la idea delirante. Entonces en una conducta muy habitual se miente, lo que a veces lo que hace es agregar fermento a la idea.

Ahora el problema es: qué relación tiene el alcoholismo de ella con la depresión. Porque muchas veces durante un tiempo existió la idea de que el alcoholismo estaba vinculado a

un fondo depresivo y si se realiza un estudio fenomenológico de las experiencias, de las vivencias del alcohólico y del deprimido, se encuentran en realidad semejanzas: la tendencia

a la desesperanza, a la fuga.

¿En qué sentido ella combatió la depresión toda su vida recurriendo no a los antidepresivos sino al alcohol? Ese es el problema que yo encuentro, que es la cosa más importante que surge como diagnóstico clínico.

¿El alcoholismo de ella no fue impelido por un fondo depresivo? Eso veo que es el problema crucial.

Prof. Rey- Quería decir mi fantasía y después lo que vi acá. La importante situación estresante ocurre en esta paciente en un momento muy especial cuando sucede el episodio de la madre que es más de lo que puede soportar y busca algo para serenarse y aparece el alcohol. Pero en una persona que tenía ya antecedentes de alcoholismo en los padres, en la madre dice que no, pero en el abuelo...

Prof. Orrego- El padre era alcoholista y murió cirrótico y la madre también lo era.

Prof. Rey- ...me da la impresión, que esta mujer tiene una forma de ser muy especial, siempre quejándose de que la gente no la quiere, pidiendo afecto y que necesita algo para contrarrestar esa sensación de vacío que tiene.

Cuando sucede lo que cuenta el esposo, le resignificó una situación anterior, ella dramatizó en esta situación, integrando una situación de tres como había visto en la madre y de esa manera -como en lo que se llama neurosis de guerra- es decir cuando cae una bomba que destruye todos los estados emocionales. Y que eso se venía repitiendo permanentemente y no lo puede elaborar, entonces el alcohol le servía para eliminar, en parte, dichos estados. Ella lo dice. De todas maneras yo me hice el diagnóstico que podía ser una distímica que tiene un alcoholismo, pero lo importante es: ¿qué hay debajo de la piedra?, el cangrejo, en este caso, ¿porqué llega el alcoholismo? Creo que eso es lo importante. La impresión que yo me hice es que debería ser una distímica pero hablando con ustedes en ningún momento apareció un sentimiento de dolor, de sufrimiento, ni de culpa, ni nada por el estilo. También, ese episodio ¿es cierto, no es cierto? Lo que sentí es que es una persona frívola, todo lo relata como si se tratara de un cuento sin que se sienta culpable. Lo único que dice es que se siente sola, abandonada, como una abandónica.

Pero el alcoholismo es lo que envuelve la situación.

Prof. Murguía- El episodio de la madre es muy importante, lo tiene muy activo.

Dra. Labarthe- Además del cuadro depresivo, manifestó un importante cuadro de ansiedad que le impedía seguir con las clases que hasta ese momento venía bien. Ella relataba que no podía quedarse sola en la casa por el nerviosismo que ella tenía vinculado al episodio de infidelidad de la madre y ahí es donde aparece el alcohol.

Entonces nos preguntábamos ante el trastorno de personalidad ¿qué hay de fondo? ¿cuánto seguramente incidió el alcoholismo

precoz en el desarrollo de una mujer que fue dominado por una ingesta de tóxicos?

Prof. Ginés- ... Como una evitación farmacológica...

Dra. Labarthe- Hablando de evitación, se ha recluido en su hogar, ella se queja de que no la sacan a pasear. Queda sola, en su casa, tomando alcohol. Muchos pensábamos si no había un elemento fóbico que también incidiera.

Prof. Murguía- Lo que es indudable es que el trastorno de personalidad existe. Ahora, si ha sido provocado por la experiencia de la madre, es dudoso si es o no es.

Ahora, que ella haya buscado en el alcohol refugiarse de esa experiencia, es aceptable. También es aceptable que ante esa inseguridad personal que no le permite desarrollar la personalidad justamente busque revertirla con el alcohol, lo que justamente lo único que hace es trabar más el desarrollo de su personalidad.

Prof. Ginés- Porque no confronta los conflictos... ¿Alguien más quiere opinar?

Prof. Gaspar- Estoy totalmente de acuerdo con lo dicho. Ella refiere ese traumatismo infantil muy importante que llevó al desarrollo de una personalidad muy patológica. Es un cuadro intrincado y difícil de manejar por todo lo dicho, el alcoholismo, la depresión, etc.

Prof. Martínez Pesquera- Yo estoy también de acuerdo con lo dicho. Ahora, es un trastorno de personalidad muy precoz. A los nueve años. Pero desde el punto de vista práctico, hay una cosa fundamental que es dejar el alcohol. Porque lo usa como anti-ansioso, como anti-depresivo, y es un pésimo anti-ansioso y un pésimo anti-depresivo.

Dra. Labarthe- Y un pésimo hipnoinductor.

Prof. Martínez Pesquera- ¡Y además¡. El trastorno de sueño que tiene es por el alcohol. Yo, personalmente, eso de la distimia no lo tengo muy claro. No lo tengo claro en el sentido que no sé si existe o no existe. Pero sí, lo que hay que tratarle es el cuadro depresivo, darle anti-depresivos a dosis altas y convencerla de que realmente el alcohol lo deje. Ahora, la otra cosa que creo es: que como buena alcohólica inventa mucho.

Prof. Orrego- Más que nada, lo que quiero aportar es en el sentido en lo que yo orienté respecto del tratamiento. Nosotros, cuando evaluamos a la paciente, lo que planteábamos era la gravedad del pronóstico en razón que uno de los referentes del mal pronóstico son los antecedentes familiares, otro es la pauta desadaptativa temprana de consumo precoz a los nueve años para aliviar la ansiedad derivada e inducida por un núcleo de familia. Digamos, esos dos factores y otros de orden circunstancial también considerados predictores negativos como el cisma de pareja y la desintegración familiar en el sentido que los tres hijos que ha criado se han casado y están enfrentados permanentemente a ella en razón de su alcoholismo. El otro factor predictor negativo es que no trabaja. Ella no sólo está desempleada sino que le impiden trabajar en razón que se interpreta que lo hace para obtener el medio para comprar alcohol. Entonces, tiene toda una situación llena de factores predictores negativos y la comorbilidad del alcohol con una depresión que tiene un riesgo suicida.

Lo otro, respecto a la comorbilidad, yo no sé bien a qué adscribir todos estos fenómenos imaginativos (lo digo así para no precisar el término). Porque uno puede adscribirlos al trastorno de personalidad: una caracteropatía histérica, ella es imaginativa y eventualmente mitómana. Pero también se le puede adscribir a una eventual encefalopatía alcohólica y uno dice, bueno, esta señora lo que tiene son problemas mnésicos y eventualmente fabula. No sabemos al respecto. Eso es algo que se va a dilucidar en la evolución.

Lo que planteamos del punto de vista del tratamiento concretamente, era integrarla a Alcohólicos Anónimos para que ella pueda asumir el alcoholismo del que no reniega. Me parece fundamental la labor de Alcohólicos Anónimos en el sostén y respaldo de esta paciente. Y por el lado de nosotros yo le decía a los compañeros la necesidad de trabajar su ideación patológica que yo no identifico vinculada tanto al alcohol ni tanto a las características de personalidad. Yo le decía a ellos que esto eran más ideas sobrevaloradas sobre la base de una información ambigua que el esposo provee y además sobre lo que es el aspecto más sensitivo paranoico de su personalidad..

Si fuera así, si esto tuviera un tenor delirante, ella hubiera hecho más cosas que no hizo, de confrontación con su esposo, con la supuesta amante que está en su hipótesis, tendría que haber hecho un escándalo. Entonces pienso que lo imaginativo debe ser objeto de estudio en la evolución y la estructura celotípica que antecede al alcoholismo del arranque, eso trabajarlo. Y sería de nuestro mayor aporte, trabajar la estructura celotípica. Y después bien, las complicaciones, fundamentalmente la encefalopatía.

Prof. Murguía- Contra la opinión general tengo la impresión de que ella no es fantasiosa. Pienso que es auténtica. Dice las cosas no de un modo grandilocuente, las cuenta con cierta placidez, con cierta tranquilidad. Porque el episodio de la madre con esa otra persona pudo haberlo adornado, agregarle detalles, configurar una situación mucho más dramática.

Prof. Puppo- ¿Y porqué cambia el relato?

Prof. Martínez Pesquera- Tenemos que confrontarla.

Prof. Puppo- A la Dra. Labarthe le dijo una cosa, a otro le dijo otra. Cambia el relato.

Dr. Porciúncula- Lo interesante de la discusión es que nosotros también teníamos la sensación de que era una situación bastante simple de entender inicialmente, pero a medida que avanzó la entrevista se fue complejizando.

Yo voy a hacer una referencia con respecto al futuro de esta paciente. En cuanto a la terapéutica, realmente el trabajo psicotrerapéutico con respecto a la reestructura de esta celotipia y desde el punto de vista farmacológico hablamos de depresión, de ansiedad, de una alcoholismo y de una supuesta situación que no pudimos identificar como delirante o fabulatoria. Y mirando un poco la terapéutica instituida, hay una pauta que abarca todos estos aspectos, inclusive está recibiendo Risperidona, entonces digo, esta terapéutica es como una perdigonada.

Y el otro elemento, también importante, respecto a su perspectiva futura, también hay aspectos a trabajar desde lo social, porque ella va a retornar a un medio donde establece una relación silenciosa, persecutoria y desconfiada.

Prof. Puppo- En lo referente a su concurrencia a Alcohólicos Anónimos impresiona de ser el tipo de paciente que concurre a dos reuniones y después abandona.

Dra. Labarthe- Una cosa respecto a la farmacoterapia. Ella ingresó como un cuadro agudo de trastorno de conciencia, por lo que se medicó para la abstinencia evolucionando bien en estos aspectos. Pensamos seguir a largo plazo con Floxetina por su acción antidepresiva, su acción sobre el alcoholismo y también sobre esta sintomatología fóbica que sabemos secundaria a su alcoholismo y, por supuesto, la vitaminoterapia.

Indice Revista Octubre 1998