Editorial

Montevideo, diciembre de 2004

“El problema de la causalidad o la atribución causal”

En ocasión del “1er. Curso Internacional de Valoración Médicolegal del Daño a la Persona. Baremología y Baremación Médica” que organizáramos en Montevideo en mayo de 2004 con los profesores María Teresa Criado del Río y Eduardo Murcia Saiz, nos obsequiaron un libro con la publicación del “VII Congreso Nacional de Valoración Médica del Daño Corporal” realizado en Oviedo en mayo de 2003. Dicho congreso, como se ve reflejado en el libro, dedicó gran parte de su contenido al cautivante tema de la Causalidad. La lectura de las distintas ponencias y situaciones periciales, nos llevan a este Editorial, prometiendo, dado que como es obvio el tema no se agota acá, seguir destacando su fundamental importancia en distintas instancias docentes y de participación medicolegal.

Cuando el perito médico forense se encuentra ante la necesidad de atribución causal de una muerte, especialmente frente a supuestos de mala práctica médica, debe ser extremadamente ponderado y fundamentar sus conclusiones, de tal forma que tenga certeza científica, resistente a toda crítica, a toda falsación (en el sentido que da Popper al término, es decir proceso de demostración de que son falsas).

Previamente hay que considerar que la misión del médico es determinar la causa y no directamente la asignación de culpas, y que siempre es una tarea difícil en medicina.

La modestia debe hacerse presente ante la incertidumbre. Los caminos hacia la muerte, al decir de Edgar A. Poe, son numerosos y extraños. Y nos enseñaron nuestros maestros, -nos lo decía Guaymirán Ríos Bruno cuando le confiábamos que no teníamos una respuesta clara sobre una muerte-, que siempre una respuesta también puede ser que no tengamos respuesta, agregando, no le trasmitas al juez más dudas que las que ya tiene.

Pero el problema es que la familia y su representación legal, incluso la prensa y la gente, seguramente ya han realizado un proceso de atribución causal, fenómeno de la condición y cognición humanas que llevan a confundir la relación de contingencia de dos fenómenos, que ocurren conjuntamente o en relación temporal (por ejemplo errores en la asistencia médica y muerte) como que uno produjera al otro (relación de causalidad). Pero la variación conjunta de dos fenómenos (covariación) no presupone relación causal, ambos pueden, por ejemplo, covariar como consecuencia de un tercer fenómeno.

La habilidad para diferenciar procesos cognitivos comunes, que generan creencias y posturas pasionales, debería ser una condición básica del perito médico forense y fundamentalmente respaldada en el razonamiento y fundamento científico actualizado, no dejándose influenciar más que por argumentos fisiopatológicos, científicos, bien fundamentados y adecuados al momento de la atribución causal de una muerte por una supuesta mala praxis. Esta habilidad, sabemos, está influenciada negativamente por el modelo de creencias de la salud, que es aquel por el cual la población general percibe la enfermedad, su severidad, susceptibilidad y causas. Aparece en todo ese modelo una valoración no científica, no racional y sí sentimental, afectiva, que forma determinadas creencias y corrientes de opinión que obviamente no deberían influir en la tarea del perito, objetiva, racional y con verdades científicas actualizadas, e incluso manejadas con prudencia ya que la ciencia médica reconoce en su historia un camino sembrado de verdades transitorias.

Cuidado ha de tenerse también con las teorías implícitas, ingenuas, espontáneas, intuitivas, que conectan unidades de información aprendidas implícitamente por asociaciones de experiencias en grupos sociales. Son teorías que se basan en información episódica o autobiográfica, suelen ser muy flexibles frente a demandas de explicación causal y realizan inferencias sobre sucesos y comportamientos totalmente contrarias a las del método científico. Justamente el aprendizaje asociativo de estas teorías implícitas se basa en reglas opuestas al método científico, pero dado que coinciden con la lógica formal se han usado en ciertas pericias y nos animamos a decir en sentencias, con éxito, convencidos, por ejemplo, de la culpabilidad del médico o de un conductor.

En cambio, el análisis pericial correcto muestra frecuentemente la imposibilidad de una atribución causal, o la causalidad multifactorial, o bien puede hablarse de red de causalidad cuando existen múltiples factores biológicos o sociales.

Otras veces se confunde factor de riesgo con causa, a veces con causa necesaria, en otras con causa suficiente, o se sobreentiende que es una posible causa, aunque ni necesaria ni suficiente; en otras se sobreentiende que presenta alguna relación causal, aunque con mecanismos no aclarados, en otras que su presencia se asocia indefectiblemente a un mayor riesgo o a la pérdida de chance.

Popper defiende que nunca es posible alcanzar la verdad, pero a su vez nos enseña que podemos demostrar sus errores, de tal manera que cuanto más resista a la falsación, más cercanos estamos de la verdad. Lamentablemente existen ocasiones en donde los peritos se han manejado con error o confusión en los datos científicos y sociales arribando a conclusiones alejadas de la verdad, que conducen a atribuciones causales equivocadas. Como se ve, el tema da para más. Continuaremos.

Guido Berro Rovira.

< Editoriales